LA PISTOLA DE CHÉJOV

Cuando escribes una historia, hay diversos recursos para hacer que tenga más profundidad a nivel de trama y que puedes pensar durante el proceso de planificación para desvelarlos poco a poco. Algunos de los ejemplos más conocidos de recursos literarios son la pistola de Chéjov, el arenque rojo, el MacGuffin y el foreshadowing, pero hay muchos más. Hoy nos vamos a centrar en el primero de estos ejemplos.

Antes de adentrarnos en el recurso en sí, hablemos un momento de Chéjov. Chéjov fue un escritor ruso del siglo XIX perteneciente a los movimientos del realismo y naturalismo, dos corrientes que buscaban plasmar la realidad de la forma más fiel posible. Escribió sobre todo cuentos, povest (un subgénero literario ruso de obras cortas, con una longitud entre la novela y el cuento) y obras de teatro. Es considerado uno de los escritores más importantes de su género y época y es recordado, aparte de por el recurso de la pistola del que ahora voy a hablar, por su uso del monólogo que después fue usado por escritores del modernismo inglés entre los que destaca James Joyce. Fue, por lo tanto, un escritor altamente influyente tanto en su momento como en la literatura más contemporánea.

El arma de Chéjov (también llamada pistola de Chéjov) es un recurso literario que surgió de una carta del escritor ruso a Aleksandr Semiónovich Lázarev, donde le dijo:

«Elimina todo lo que no tenga relevancia en la historia. Si dijiste en el primer capítulo que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero este debe ser descolgado inevitablemente. Si no va a ser disparado, no debería haber sido puesto ahí.»

La pistola de Chéjov no se refiere solo a armas, sino a cualquier objeto, personaje o subtrama. La idea principal es que debes eliminar de tus historias cualquier elemento que no tenga importancia para la historia para no dar expectativas falsas a tus lectores. Este recurso tiene un cierto parecido con el foreshadowing ya que ambos muestran elementos que después serán relevantes para la historia, con la diferencia de que el arma de Chéjov no solo se usa para ese fin sino que también para eliminar todas las cosas que, al final, no aportan nada a nuestra historia y solo entorpecen la lectura.

También se puede relacionar con la expresión inglesa de «kill your darlings» («mata a tus queridos», literalmente), que se refiere a que debes deshacerte de todos los elementos de tu historia que solo están ahí por valor emotivo de le autore y que, en verdad, no aportan nada a la historia. Si os interesa este concepto, Anne Lamott habla de él en su libro «Pájaro a pájaro» con más extensión.

Por poner un ejemplo de la pistola de Chéjov, está en la saga de Harry Potter el personaje de la Dama Gris, el fantasma de la casa de Ravenclaw. En un principio, este personaje no tiene gran importancia, pero en el séptimo libro se desvela que era la hija de Rowena Ravenclaw y ayuda a Harry a encontrar uno de los horrocruxes que se deben destruir para matar a Voldemort.

Deshacerse de estas cosas puede ser complicado, ya que son parte de una historia que has creado y es normal tenerles cariño, pero ante este dilema, si no quieres eliminarlos, puedes reutilizarlos para que sean importantes dentro de la trama o de la historia de un personaje. Por ejemplo, si dices que tu protagonista lleva siempre un collar y no quieres eliminarlo de la descripción, puedes hacer que se lo haya regalado un ser querido antes de irse o antes de morir o darle cualquier otro valor emocional para que tenga peso en la historia.

Aun así, tener elementos de distracción que no son relevantes para la trama no siempre es algo malo y, de hecho, ese es otro recurso literario llamado «arenque rojo» o «red herring» en inglés. El arenque rojo trata, básicamente, de poner elementos engañosos o pistas falsas para despistar a les lectores de la verdad. Se suele utilizar, sobre todo, en historias de misterio o de detectives, pero puede añadirse en cualquier historia sea del género que sea. El problema de este recurso es que debe estar muy bien pensado para que cuando se desvele la verdad no parezca un giro de trama sacado de la nada. No deberíamos tener miedo a que les lectores conecten las pistas que les has dado y que adivinen el final, porque eso significa que has creado una trama con sentido.

Al final, después de todo, la historia es tuya y eres tú quien hace las normas. Nadie más puede decidir qué elementos se van y cuáles se quedan o qué importancia tienen. Aun así, es interesante hacer este ejercicio de reflexión y pensar si es realmente necesario describir elementos irrelevantes, si se debería dejar tan solo lo que después va a ser importante para la trama o si lo mejor es añadirles importancia.

Kai Vega

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